Intervención con el espacio de Carme Torrent y Aimar Pérez Galí
Fundación Suñol. Julio 2014

“Si las actividades que hasta ahora habíamos programado en el Pavelló Català, arquitecte anònim de Marti Anson nos habían aproximado a la idea de una casa o espacio habitable a través del modo en que el arte dialoga con sus volúmenes -Rasmus Nilausen-, cumple las funciones por las que había sido concebido -MAIO-, comparte aspectos conceptuales, formales y estéticos con propuestas de otros países -Josep Muñoz-, o se ofrece como marco de actuación para la resolución de imprevistos como la realización de un graffiti -anónimo-, su borrado con otro graffiti -Rasmus Nilausen- o la conversión del espacio de exposición en un almacén temporal -Martí Anson & Fede Montornés-, parece que estaba escrito que la siguiente actividad tenía que referirse a esta idea desde la perspectiva de quien lo habita. Es decir, de nosotros.

Con el fin de dejar clara cuál era su actitud frente al acto creativo, Bruce Nauman dijo en una ocasión que más que estar interesado en añadir algo a una colección de cosas que son arte lo que le interesaba era investigar las posibilidades de lo que el arte podía ser. Pues bien, recordando en cierto modo esta gran premisa, lo que Carme Torrent y Aimar Pérez Galí pretenden hacer con Extender los límites de un pabellón es justamente no añadir nada a lo que ya existe y aprovechar lo que se han encontrado para hacer de la relación que el espacio y el movimiento mantienen entre sí la razón de una acción que, leída en términos de hospitalidad, se podría interpretar como el modo que tenemos de mostrarnos al exterior. O el modo de acoger a los demás. Es decir, sin paredes ni obstáculos, dispuestos a aprender, intercambiando, haciendo. En suma, siendo.

En un ejercicio sin principio ni fin ejecutado para hacer del proceso de deconstrucción de un espacio -en este caso, de un objeto de arte- el sujeto desde el cual transpire el calado de la entidad que Carme y Aimar le otorgan al cuerpo, al espacio, al entorno y al tiempo que se requiere para aprehenderlo, su intervención consistirá en suprimir al máximo las fronteras que delimitan este espacio/objeto del exterior, los límites que hay entre éste y el entorno y los límites del espacio que alberga en relación al lugar que ocupa. No se trata, pues, de añadir un objeto nuevo sino de cambiar el orden de las cosas que existen para permitir que, en esta suerte de metamorfosis activa, el espacio se abra, se muestre como es e invite a la audiencia a recorrerlo, no ya desde el centro sino desde el espacio que lo rodea. El espacio por el que se expande, el que lo hace ilimitado.

Procedentes del ámbito de la danza y de la concepción del movimiento como aquello que, al desplegarse, actualiza el espacio hasta dejar huella, se podría decir que lo que Carme y Aimar pretenden llevar a cabo no es sólo abrir el espacio para mostrar sus entrañas sino dejarlo inacabado con el fin de abrirlo a la imaginación, a la posibilidad de terminarlo como queramos y a una suerte de acción en la que todos podamos participar debido a la ausencia de complejidad, lo claridad de la acción, la simplicidad del gesto, la transparencia de su intención.

Si la idea de espacio que tenía Aalto pasaba por la relación continuada entre el espacio interior y el exterior, el ejercicio de Carme y Aimar apela a esta misma idea de continuidad desde una práctica de corte performático, pensada para realizar con ayuda del tiempo y concebida para reflexionar entorno a los actos que no terminan con su finalización y que, a través de un presente activo y continuo, cuestionan los tiempos que se requieren para dialogar con el espacio.” Frederic Montornés